En muchas ocasiones, hacer determinados planes queda condicionado a la disponibilidad de otras personas. Ir a un restaurante, al cine o simplemente dar un paseo por un lugar nuevo se convierte en algo que depende de agendas ajenas, de acuerdos o de coincidencias. Con el tiempo, esta dependencia puede limitar más de lo que parece. No porque falten opciones, sino porque se pierde la capacidad de decidir y actuar con autonomía. Aprender a ir solo a sitios no consiste en aislarse ni en rechazar la compañía. Consiste en desarrollar la capacidad de hacer aquello que apetece sin necesidad de esperar a nadie. Es una forma de recuperar margen de decisión en el día a día. Al principio, es habitual que aparezca cierta incomodidad. La sensación de estar fuera de lugar, de ser observado o de no encajar en el entorno. Sin embargo, estas sensaciones no suelen corresponderse con la realidad, sino con la forma en que se interpreta la situación. A medida que se repiten estas experiencias, la percepción ...